El futuro de las corrientes políticas argentinas



Por Mariano Rovatti

Tras la crisis política, económica y social del año 2001, se modificó definitivamente el espectro político argentino. El peronismo y el radicalismo se dividieron, entrecruzando dirigentes y sectores. Hoy, en pleno auge de la democracia líquida y virtual, los liderazgos pasan por canales distintos a los del siglo XX, orientados hacia nuevas direcciones.

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Tanto el peronismo como el radicalismo tuvieron históricamente dentro suyo dos alas que los conformaban. Los seguidores de Leandro Alem, se dividieron entre yrigoyenistas y alvearistas durante los años veinte. En los años cuarenta y cincuenta había intransigentes y unionistas. En los setenta y ochenta, alfonsinistas y balbinistas. La caída de Fernando de la Rúa generó una crisis en el partido que le impidió reconstruirse totalmente. Y así siguió hasta la Convención de Gualeguaychú, en donde el ala de Ernesto Sanz –impulsora de un acuerdo con Mauricio Macri- se impuso frente al ala de Julio Cobos, que promovía la formación de una coalición socialdemócrata. Podríamos decir que en el radicalismo prevaleció la corriente de centroderecha.

Entre los justicialistas, también hubo una histórica división, que cobró relevancia en los últimos años de la vida de Perón. En los setenta, frente a la izquierda peronista conformada por la juventud, los montoneros y demás grupos armados y el sindicalismo combativo, que invocaba el socialismo nacional, se oponía un ala integrada por la ortodoxia peronista, el sindicalismo tradicional y sectores nacionalistas. En el medio, la mayoría de dirigentes y simpatizantes justicialistas que oscilaban entre ambas orillas.

Tras la derrota de 1983, nació la renovación peronista, de la que surgieron dos alas: el menemismo, que rescató a la ortodoxia y el cafierismo, más cercano al socialcristianismo. Triunfó Menem y se asoció al liberalismo, provocando un quiebre y la salida de dirigentes como José Octavio Bordón y Chacho Alvarez.

Tras la derrota de Eduardo Duhalde frente a Fernando de la Rúa, y la caída de éste en 2001, se produjo una diáspora, que termina con la elección de Néstor Kirchner en 2003, tras la transición duhaldista en el poder. Pese a que subsisten expresiones de origen justicialista de centro, los tres gobiernos consecutivos del kirchnerismo marcan que en el peronismo se impuso la corriente de centroizquierda.

La consolidación de la democracia virtual y líquida, con mensajes visuales y efímeros, alejados de los textos densos e ideologizados, determinan que los liderazgos de hoy sean muy diferentes a los del siglo anterior. Y hoy, los dos grandes líderes que ocupan la centralidad de la política nacional son Mauricio Macri y Cristina Fernández-Kirchner. El actual y la anterior presidente. Los demás miran desde la platea.

Ellos no encarnan dos proyectos de país, como simulan creer. Se parecen más de lo que se distinguen. Ambos entienden el juego de la democracia moderna. Que sea virtual, líquida, y visual no significa que no tenga contenidos. Aunque éstos tengan mucho de simbólico. Pero son antes que nada, dos polos de liderazgo, que representan sí, intereses diversos, aunque no excluyentes.

Mauricio y Cristina le hablan mejor que nadie a las emociones de la gente, y por éso la lideran. Otros dirigentes, como Sergio Massa, Florencio Randazzo o la izquierda, le hablan a un cenáculo de iniciados en la política, invocando casi exclusivamente argumentos racionales. Por eso, no sólo que representan a minorías, sino que tampoco pueden ponerse de acuerdo entre ellos.

Más que a un sistema bipartidista, la Argentina se orienta a un sistema de dos corrientes, que podríamos describir de la siguiente forma:

a) Una corriente X, con base social en las clases media, media alta y alta, con anclaje territorial en la Pampa Húmeda, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las grandes ciudades del interior. Sus ejes discursivos pasan por la calidad institucional, la transparencia de los funcionarios y la economía ordenada. Tienen el apoyo del mundo financiero, los multimedios y las empresas de servicios públicos. Está corriente ya está conformada y es Cambiemos, frente formado por el PRO, la UCR y la Coalición Cívica. Tiene un líder incuestionado que es el presidente Mauricio Macri, y una aceitada organización en todo el país, que incluye las gobernaciones de Buenos Aires, Mendoza y la Ciudad Autónoma, entre otros.

b) Una corriente Y, con base social en las clases media, media baja y baja, con anclaje territorial en el conurbano bonaerense, los conurbanos de las grandes ciudades del interior y el interior de las provincias. Sus ejes discursivos pasan por la productividad, la defensa de la pequeña y mediana empresa, la protección del empleo y del salario y la justicia social. Esta corriente está disgregada, pero pueden conformarla el peronismo, el progresismo, el sindicalismo, las organizaciones sociales, la iglesia católica y las cámaras de PYMES. No tiene liderazgo, pero Cristina Fernández es una primus inter pares. Su figura es altamente cuestionada aún dentro del peronismo, lo que resulta un obstáculo para su unidad. Uno de sus principales denostadores es el Presidente del bloque peronista en el Senado, Miguel Pichetto, el hombre que ostenta el espacio de poder más relevante en el peronismo, pero con escasa capacidad para construir liderazgo de masas.

La corriente X necesita gobernar exitosamente para consolidarse en el poder. Y ello significa que los beneficios de su gestión sean accesibles para la mayoría de los argentinos. Algunas de las actuales políticas de gobierno están alejadas de esa posibilidad: el tipo de cambio atrasado, las altas tasas de interés, las alzas en las tarifas. Otras, como la obra pública que está en marcha, pueden consolidarla.

La corriente Y necesita conformarse como tal y hallar un líder, o un mecanismo para designarlo que sea aceptado por todos. Y que ese líder sea creíble para una sociedad cada vez más escéptica. Las cuentas pendientes con la Justicia deberán estar saldadas por quien resulte consagrado/a.

Mientras la corriente Y no logre la unidad y el liderazgo que necesitan, le regalarán la victoria a X, o sea a Cambiemos.

Los que quedaron varados en la avenida del medio, deberán reubicarse, como el ala moderada de una de las dos corrientes. Si no lo hacen, perecerán políticamente.

Para ver hacia dónde van las corrientes políticas argentinas, también hay que observar dónde está la juventud: sólo en el PRO y en el kirchnerismo se detectan jóvenes que participan activamente y en forma relevante, siendo tenidos en cuenta. Algo de juventud hay en la izquierda, aunque los principales candidatos son siempre los mismos. El resto de las expresiones políticas argentinas envejecen, no sólo cronológicamente, sino en sus ideas y procedimientos. Necesitan abrir sus mentes y dejar de pelearse con un presente que desprecian.

Lo que pase en octubre será distinto pero no tanto a lo de agosto. Veremos cómo sigue este proceso rumbo al 2019.

Buenos Aires, 22 de septiembre de 2017

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En líneas generales, coincido con la clasificación de las corrientes. Sin embargo, hay razones profundas en la sociedad, (más allá de los dirigentes), que impiden unir a la clase baja, (piqueteros-Organizaciones sociales), con la clase media baja, y la clase media, (cuentapropistas, trabajadores sindicalizados, y trabajadores en negro), en una misma coalicion politica.
Esto es, quien se hace cargo del costo de los planes sociales. Los trabajadores sindicalizados estan HARTOS de pagar impuesto a las ganancias, para mantener planes sociales, (Planes "Descansar" los llama Moyano), y los cuentapropistas, que no tinen ni aguinaldo, ni vacaciones pagas, y tienen que trabajar de 10 a 12 hs diarias para subsistir, están HARTOS de "mantener vagos", como llaman a los piqueteros. SERÁ UNA VERDADERA PROEZA POLITICA UNIR ESAS PIEZAS DISPERSAS. ABRAZO. GERARDO DJ

Fernanda Estevao Díaz dijo...

Excelente el planteo desarrollado el artículo que deja mucho para pensar! Gracias